Vengan a mí los solos de la vida,
solos de con trabajo y contratiempo;
las flautas broncas vengan a mi templo
que vamos a armar una escabechina.
Descontentos a mí, fuera sordinas.
Predicaremos con el mal ejemplo
y arda Troya, se hunda el firmamento,
que nada va a perder quien ya es ruina.
Llamo porque, aunque a solas, me sospecho
que ha de haber otro páramo, otros pechos
semejantes o más que este alma en pena.
Lloremos fuerte y a la una, al menos
agriaremos la cena de los buenos
saldrán a vomitar y eso consuela.
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